miércoles, 8 de junio de 2011

ARTICULO PUBLICADO EN CIRCULO DE POESIA-MEXICO

La cocina del alma: poetcast de Rudy Wiedmaier


Rudy Wiedmaier
Para continuar con un toque musical la semana chilena, presentamos un material exclusivo y desconocido en México, perteneciente a los álbumes “Hotel Teillier” y “Los Trenes de la noche”, del cantautor santiaguino Rudy Wiedmaier, quien ha musicalizado de manera magistral la poesía del entrañable poeta de Lautaro, Chile, Jorge Teillier.



JORGE TEILLIER Y LA MÚSICA: ISLA VIVA Y PERMANENTE


La nostalgia del reino de pureza, del paisaje primordial en donde el ser encuentra su verdadera casa, materializado en el paisaje del pueblo natal, en la naturaleza, en la casa de madera del bautismo, en el mudo corazón del bosque, en los trenes que atraviesan a la mitad ese pueblo de la infancia, en la lluvia y la tristeza, en los sabores amados: el pan sobre la mesa, la sidra natural de manzana (“shisha”), el vino terrible y noble, son los elementos que conforman el magma esencial de Jorge Teillier, poeta chileno nacido en Lautaro (1935), poblado situado cerca de Temuco, en el sur profundo de Chile, ese sur que no es una simple geografía, sino una melancolía y el espacio fundacional del alma chilena.
            Por ello es que este poeta se ha convertido en una presencia primordial, invisible pero presente, en el ánimo de Chile y de los poetas. Contra toda voluntad de rechazo, sobre todo de los poetas chilenos más jóvenes, más preocupados en acomodarse al canon imperante que a encontrar una voz propia, a favor de una supuesta “vanguardia”, “ruptura”, y otras máscaras estéticas con que se oculta la necesidad de imponer un canon único, pareciera mentira que en un país que nos ha legado las más importantes, honestas y genitoras voces de la vanguardia poética latinoamericana (Huidobro, Neruda, Parra, Rojas…), existe, con una fuerza subterránea, pero poderosa, esta voz que ha privilegiado una poesía de la transparencia, de la desnudez en el lenguaje, afincada en el poderío simbólico y arquetípico cuyo referente, como se menciona al principio, es este sur de la infancia, entendido como un paisaje donde la orfandad desaparece.
Cartel
            Jorge Teillier es una voz que habla desde esta nostalgia, y desde la imposibilidad de restaurar, en la realidad, en la vida del Chile de la dictadura, este íntimo espacio de libertad y plenitud. Alcohólico irredento, triste, héroe de su hybris, su vida misma y su obra se afincan en el desarraigo, en la imposibilidad de la permanencia en la tierra y del amor, ya sea fraterno, paterno o a sus compañeras de vida, y extraordinariamente, a costa de su vida misma (muere en Viña del Mar, en 1996, en Viña del Mar, desangrado por una hemorragia producto de una cirrosis terminal), en un diálogo misterioso, visto desde la perspectiva del tiempo,  con la muerte. En sus poemas más extraños, como “La última isla”, por ejemplo, que no han sido estudiados desde este punto de vista, pareciera como, si desde la existencia física, cuando los escribió, hablara desde la muerte, como si ya su espíritu estuviese quizá, en el espacio cerrado de su tumba en La ligua (“pues quizá ha llegado el término del mundo”), tumba hermosa y siempre viva, limpia, con flores y un estanque de peces, que su viuda, la escultora Cristina Wenke, cuida amorosamente.
            Rudy Wiedmaier, cantautor, tecladista, guitarrista y productor chileno de ascendencia alemana, percibe esta esencia Teilleriana, y da ritmo a los poemas del autor que más nos dan una idea de su poética. El jazz, el blues, pero sobre todo, el rock, no demeritan el magma poético de Teillier, sino al contrario, entablan un diálogo con él, y le dan la fuerza del canto y la música.
            Wiedmaier aparece como figura en la canción popular de Chile a comienzos de los años ochenta dentro del movimiento del canto nuevo. Su carrera discográfica comprende trabajos como: Impresiones Personales, Amigo Imaginario, Amor Grisú,Presentes, Los Ghettos Matan, Imperio Anterior, Emporio. Con Hotel Teillier (2005) y Los Trenes de la noche (2006), discos en los que musicaliza la obra de Jorge Teillier, su trayectoria se afianza y encuentra una voz del espíritu, “un pariente imaginario”, que lo acompaña..
            Hotel Teillier incluye los tracks, que son los títulos de los poemas de Teillier, “La última isla”, “En la secreta casa de la noche”, “Cuando todos se vayan”, “Los conjuros”, “Después de la fiesta”, “Tarjeta postal”, “Nadia”, “Cuento sobre una rama de mirto”, “Botella al mar”, “Ahora vuelvo a encontrar esa luz olvidada”. El disco Los trenes de la noche incluye “Días de ocio en la ciudad que fue”, “Si pudiera regresar”, “Casablanca”, “Andenes”, “Carta a Mariana”, “Antes del desorden”, “Paseos con Carolina”, “La llave”,  “Pequeña confesión”, “Los trenes de la noche” y “Juegos”.
            Actualmente Wiedmaier prepara sus álbumes “Diario de un robot” y “27”.
            Presentamos, además de una entrevista con Wiedmaier, para dejarlo hablar también,  esta pequeña antología musical de Jorge Teillier, en la que, al escucharla, nos damos cuenta de que esa “última isla” que es la muerte, es una isla viva y presente, pues es dicha desde una voz que, aun en vida, nos habló desde la eternidad de la muerte y de ese espacio primordial y puro de la infancia, y es acompañada por la vitalidad y fuerza de las extraordinarias composiciones de Rudy Wiedmaier.

Hotel Teillier
     
PLos trenes de la noche 

Po
Poetcast Pista 28. Rudy Wiedmaier: La llave (Los trenes de la noche)
Descripción:

ENTREVISTA CON RUDY WIEDMAIER*

Por David Ponce
Subrayado, marcado, descompaginado, carreteado. La antología de Jorge Teillier que tiene Rudy Wiedmaier ostenta las huellas de haber sido su libro de cabecera en el último tiempo, y no se trata sólo de lectura. De ahí salió la octava y más reciente placa de Wiedmaier, un músico que empezó a grabar en 1982 y que este año acaba de publicar dos álbumes seguidos con la poesía como materia prima: “Mirar de afuera”, con versos de Ricardo Nanjarí Román, y “Hotel Teillier”, sobre el poeta de Lautaro.

UN TÉ CON EL POETA
 —Es un suceso artístico bien único en mi experiencia creativa —dice. Fue bastante rápido, escribí las canciones no pensando en hacer un disco. Fueron apareciendo por las ganas de tocar que te provoca la lectura de un buen poema, no sólo en lo musical, sino que en tus momentos de vida. Qué rico sentarse a tomar una taza de té con la guitarra, con un buen texto, a hacer música, y más potente que termine resultando una canción.
 ¿Qué tan rápido fue?
La primera canción, que no está en este disco, la escribí hace 10 años. Y ahora salieron 16 temas en un mes y medio. Quizás hay una misteriosa preparación que uno ignora para llegar a lograr algo, un entrenamiento espiritual, por decirlo de alguna manera. A lo mejor, tenía que llegar ahora, cuando yo estoy más escéptico frente a algunas cosas de lo que llaman la industria. Estoy más viejo, más tranquilo frente a ciertos acontecimientos y más urgido frente a otros.
 ¿Estudiaste a Teillier o fue un trabajo más intuitivo?
Todo esto lo he hecho por pasión. Es porque la poesía de Teillier me emociona. Punto. Si no, mi música no podría emocionar a otros. Yo descubro a Teillier el año 91. Él fue un par de veces a ver a una amiga a la casa donde yo vivía, en Pedro de Valdivia, y le dejó un libro de regalo, que es ‘‘Cartas para reinas de otra primaveras’’. Y ahí yo quedé plop. Hay un dato bien fundamental, y es que yo soy un hombre del campo, finalmente. Yo nací y viví toda mi infancia en Tiltil, y eso a uno lo marca a fuego.


CASA DE CAMPO
 Nieto de un inmigrante alemán establecido en San Fernando, Wiedmaier vivió hasta los 12 años en Tiltil. “Teillier es un poeta conectado con la epifanía de la infancia, como un tiempo de arraigo, de la edad de oro. Y yo tuve una infancia muy feliz, llena de paisajes que ya no están tan a la mano, son menos visibles. A partir de ese libro me empiezo a zambullir en la obra de Teillier. Además él es un desterrado en la ciudad, nunca le dieron el Premio Nacional de Literatura, por ejemplo. Tiene toda una temática rockera y tiene una forma de plantearse frente al oficio que yo comparto’’.
 ¿Es difícil el ejercicio de poner música a un poema?
En un primer momento pensé que era una pega muy difícil. Esta experiencia me regaló un don adicional de hacerlo con cierta facilidad. Pero antes de entrar en ello tengo que sentir que me hace un clic, no sólo en términos de una emoción ni una conexión profunda, sino también en la forma, que me tiene que sugerir un ritmo, una cadencia, un juego de palabras, una sincronía, y eso he logrado verlo con echar una mirada al texto.
 ¿Así elegiste los del disco?
Yo lo plantearía al revés. Más bien me pregunté si estoy capacitado para enfrentar ese poema. Qué le voy a estar diciendo yo a Teillier si se presta o no para que venga Rudy Wiedmaier. Porque, además, la obra de Teillier es monumental, por la cantidad de poemas que tiene y los que se extraviaron, porque él escribía mucho en los bares y eso se iba en las servilletas. Tipos que están como poseídos.
 ¿No tuviste un criterio literario, de hacer una antología cronológica?
No, tomé un criterio bastante pragmático. Yo, finalmente, soy un escritor de canciones. Ése es mi tema. Ahora, los más pesados dirán: ‘‘Y este huevón no tiene ninguna canción sonando por ahí’’. Claro: no están en la radio. Pero yo sé que tengo 100 canciones buenas, 100 canciones dignas. Entonces, al escribir las canciones no tuve ninguna pretensión de entrar en la radio: no es que no quiera entrar, pero no a cualquier precio. Decidí que la poesía de don Jorge, mi propio trabajo y el de los músicos en este disco tiene que ver con una cuestión más bien musical. Yo soy un autor de canciones que se mueven en distintos estilos y traté de que fuera variado en esa dirección. Es lo que hago en todos los discos.
 ¿Uno se siente más familiar después?
Sí, yo creo que es una buena definición. Es como un pariente que uno ha querido mucho.
      
*Entrevista publicada en el periódico chileno  La Nación, el domingo 20 de noviembre de 2005.
Círculo de Poesía - Revista electrónica de literatura
Aviso: Los comentarios son responsabilidad de sus autores. 
No necesariamente representan la opinión del Círculo de Poesía.
Círculo de Poesía. Revista electrónica de literatura. Año 0, semana 46, noviembre, 2009 Publicación semanal editada por Territorio Poético A.C. Azabache 136-A Lomas del Mármol, Puebla, Pue. C.P. 72574. www.circulodepoesia.com Editores responsables: Jorge Mendoza Romero, Alí Calderón.

miércoles, 25 de mayo de 2011


“ El vengador enmascarado ” por Rudy Wiedmaier

Me despierto lenta y plácidamente al sentir un  agradable rayo de luz sobre mi cara, me estiro como un cachorro feliz y escucho a mi madre que prepara el desayuno en la cocina, esta mañana de verano de 1968, mientras  se oye en la radio la voz del conductor de su programa favorito, dando un mensaje publicitario:“ Las mejores creaciones de la moda las encontrará en Rose Marie Reid, en su dirección tradicional de calle Puente 340 “.Me llama la atención el nombre de la calle :“ Puente” –pienso- “ porqué una calle se llama así, si un puente es otra cosa “. Pero bueno, sólo tengo cinco años  y suelo hacerme preguntas de todo tipo, a cada rato. Como por ejemplo, porqué mi programa de radio predilecto se llama “ La tercera oreja “.Lo escuchamos cada noche con mis hermanos antes de  dormir y en el silencio del campo de Til-til, donde sólo los grillos o el ladrido de algún perro a la distancia son el telón de fondo en el que se sostienen las historias fantásticas del radioteatro aquel, legendario de la radiofonía chilena. La radio…esa luz  de éter que añoramos y que hemos visto convertirse en una cacofonía del absurdo publicitario y habitada por conductores histéricos ansiosos de fama. Qué lejos se siente el eco de aquellos gloriosos “días de radio “.Las emisoras históricas de nuestro país: Radio Minería-pionera- con sus programas emblemáticos: “ Radiomanía “, “ El Reporter  Esso “, radio Portales, y sus radioteatros magistrales en las décadas de los sesenta y setenta:
 “ El siniestro Doctor Mortis “ con el gran Juan Marino, “ Lo que cuenta el viento “ escrito y dirigido por Christie Brand, radio Magallanes, Balmaceda, Chilena , Nuevo Mundo…Locutores y comentaristas memorables: Raúl Matas, Alodia Corral, Pepe Abad, Sergio Silva, Patricio Varela, Tito Mundt, Ricardo García, Julio Martínez, por nombrar algunos. Cuando la radio era un lugar de imaginación, entretención y, sobretodo, un espacio de encuentro social de nuestro querido Chile, ese Chile que, a ratos, aparece desdibujado en su identidad y en los colores de su alma. Cuando éramos otro país, cuando la vida se mostraba plena de futuros y  caminos y sonidos nuevos. Antes del desorden.

La película “Días de radio “ ( 1987 ) obra maestra y subvalorada de Woody Allen es un retrato nostálgico, de época e infancia que narra en primera persona , las vivencias de un niño judío de Brooklyn en plena época de oro de la radio en Norteamérica: los años cuarenta. La música maravillosa de Glenn Miller Band, las historias de superhéroes, la crónica rosa de alta sociedad, los concursos y programas deportivos son la programación diaria que reúne frente al receptor a ésta familia de clase media baja, que vive como propios los relatos que la caja mágica les trae. Son días de guerra y de esperanza también de tiempos mejores, en los que la luz del dial alienta la promesa de un mundo distinto y más humano, días  en que miles de familias  esperan a sus hijos de regreso del frente de combate:
 ( “… había un soldado regresando intacto, intacto del frío mortal de la guerra, intacto de flores de horror en su cuarto “, Silvio Rodríguez ), días de una época irrepetible como, finalmente, lo son todas las de la infancia. Todos venimos de algún naufragio aunque no lo sepamos.
El niño que relata la historia- el mismo Allen, seguramente-espera ansioso cada capítulo de su radioteatro favorito: “ El vengador enmascarado “mientras asiste a las ridículas discusiones de sus padres y tías.

Estoy en mi casa natal una tarde de invierno, aburrido. Veo a mi padre encorvado y concentrado en una tarea eléctrica, sentado en una silla, sostiene entre sus manos un circuito extraño que me llama la atención fulminantemente, cuando me acerco y le pregunto de qué se trata, como es su costumbre, sin mirarme y secamente me contesta. “ es una radio galena “, lo que sólo contribuye a aumentar más mi curiosidad. Los días posteriores acudiré a observar cada detalle de su trabajo hasta, maravillado, ver cómo esa estructura termina por convertirse en una voz que surge de un pequeño parlante que él, meticulosamente, como siempre, ha instalado en una caja de madera.
Con cierta altanería, me mira sonriente y comprueba el éxito de sus cálculos y operaciones: ha logrado construir una radio galena ( un receptor que emplea un cristal semiconductor de sulfuro de plomo ), escucharemos la señal AM en los meses siguientes y será otro de los ingenios de mi viejo, herencia de sus genes alemanes, seguramente y tema de conversación recurrente con sus amigos .

Y todo esto ocurre a miles de kilómetros de distancia del corazón. Mi hermano, aún lo veo con su pequeña radio portátil, escuchando los partidos del Colo, los días domingo cuando vuelvo del río, le hago una seña al verlo sentado en el corredor de nuestra casa, todavía lo veo levantar la mano y replicar el gesto. Estoy a miles de kilómetros de esa época, me alejo cada vez más como una voz que se pierde en el sinfín de las épocas, como una voz que se extravía de si misma y que no se resigna al eco de su propia historia. La de los días irrecuperables y la atroz nostalgia de voces y sueños perdidos para siempre. Una canción nos devuelve el aire de días lejanos, no puede retrotraer el tiempo- ese vengador enmascarado- ni recuperar a los que amamos alguna vez, seres y paisajes, pero  logra, quizá por un segundo, entregarnos la ilusión de lo eterno. Y ahí está la vieja radio, como un pariente extraño con su ojo de cristal y la rueda que controla el dial, metáfora de los ciclos de la vida, viaje y retorno, una y otra y otra vez…Escucho el hit de Buggles de 1979 “ El video mató a las estrellas de radio “…
 
El vídeo mató a la estrella de la radio
El vídeo mató a la estrella de la radio Llegaron las fotos y te 
rompieron el corazón
                      
                    Y ahora nos encontramos en un estudio 
                                     abandonado
Escuchamos el playback y parece de hace tanto tiempo
Y tú recuerdas a dónde iban los tintineos

 Fuiste el primero
 Fuiste el último
 
Y me acuerdo de ese mediodía que dejé mi casa natal para siempre, un día del año76, cuando mi madre decidió venderla. Salimos caminando en dirección a la estación de trenes, miré hacia atrás y vi el viejo portón rojo, que se abría a los dos senderos que conducían a mi casa, salimos caminando, como huérfanos de un paraíso, sin saber de los años y amores y dolores que vendrían y cuánto extrañaría aquellos veranos inolvidables. Sé que cuando llegamos a la estación, en una radio a pilas de algún pasajero, sonaba una canción que ya no recuerdo. 

Como hermano menor, fui el primero en subir al tren y el último en bajar. 

viernes, 29 de abril de 2011

Tomado de músicapopular.cl

Primera página

Es grasa y está saturada

"Yo soy…" y "Mi nombre es": urgente una ley de rotulación para comida chatarra en TV.



Desde que Lagos
 –Sergio, no Ricardo– sobrevendiera con su entusiasmo característico el supuesto hito de una nueva era en la TV a propósito del show sobre unos perdedores profesionales denominados protagonistas de la fama en 2003, uno ya debiera estar acostumbrado a que cualquier cosa es posible en las mentes de los responsables de la tele en que vivimos. Un programa de gente con disfraces militares en un país donde ya hubo suficientes militares de verdad por años de cadena nacional: con ese solo ejemplo podría bastar. Pero no hay modo. Los creativos de esta industria logran superarse a sí mismos cada vez, y en 2010-2011 el pretexto ha vuelto a ser la música.

O lo que ellos llaman música. Y lo que ellos llaman "talento", sobre todo, en otra ofensiva de programas donde talento es tener el menos carácter propio posible. Para la mentalidad de un productor de TV, cantar bien es lo más parecido a ser Mariah Carey o algo así: gritar fuerte y vibrante, perfecto para emocionar al jurado y para poner el cartel de "aplausos", como si la única opción para ser cantante chileno fuera aspirar a astro afroamericano del R&B. Se llaman "Factor X" o "Talento chileno" y no están mal como experimento exitoso de alienación en masa. Pero aun mejores son la versioneshardcore. Se llaman "Yo soy…" o "Mi nombre es", y dirán que son programas de imitadores de cantantes famosos, pero es demasiado más que eso. Es un festival de todo el remedo del que se alimenta la TV.

Shakiro es sólo el comienzo. También está el remedo emocional de unos animadores que sobre-estimulan a los postulantes en camarines, el de unos "profesores" de canto que les hacen cursos para la cámara, el de unos "jueces" muy solemnes en el lugar de supuestos especialistas. Los jurados de todos estos shows tienen pergaminos como panelistas de programas de chimentos, como un ex bajista de Soda Stereo desempleado o, esto es mejor, como un ex mánager de Chayanne. No un "artista": un mánager. Y no un mánager: un ex mánager. Ese sí es retroceso, incluso para los estándares de la TV chilena, que hasta en la era Pinochet contrataba por último al hermano fracasado de los Bee Gees o a la hermana chica de Maripepa Nieto. Que todas estas sean franquicias es el cierre perfecto: es "The X factor", "Britain's got talent" o "American idol", pero en remedo nacional.

Acá el remedo les queda peor que la enfermedad, eso sí. Y eso sí es talento. Los mensajes llegan fuerte y claro. Si quieres cantar, la manera de salir en TV es dedicarte a ser el Camilo Sesto y la Britney Spears chilenos. Si eres José Alfredo Fuentes o Nicole, la manera de que te inviten al set de TV es ser jurado de estas cosas. Si eres el ex bajista de Soda Stereo, Chile es un país donde te pagan por hablar boludeces en televisión, y ni siquiera lo decimos acá, ya lo dijo tu compatriota Charly García hace quince años. Y se llamarán "Yo soy…" o "Mi nombre es", pero es justo lo contrario. Es no ser "yo" ni tener nombre propio: es ser otro. La industria de la farándula ha conseguido en primera instancia el siguiente efecto: invitar a los consumidores a sustituir su vida personal por las vidas personales de las celebridades. Esa lobotomía ahora es más específica, para anular el carácter de un cantante de modo de que se transforme en otro. Y mientras mejor el remedo, más van a aplaudir el Pollo Fuentes, Nicole y el ex manager de Chayanne.

El proyecto de rotulación de comida chatarra está copando la agenda noticiosa en estos días en Chile, a propósito de la necesidad de regular la venta de alimentos con altos índices de grasa y otros componentes poco saludables. No hay gran diferencia con la línea editorial de estos programas de TV: esto es grasa. Y están en todos los canales, a la misma hora y en el horario llamado "estelar": o sea es grasa saturada. Urgente que alguien los rotule también.

martes, 26 de abril de 2011

Christina Rosenvinge vuelve a Chile- 5 de Mayo, La Cúpula

Después de casi un año, Christina Rosenvinge regresa a Chile para promocionar su nuevo disco, “La Joven Dolores”. Esta cantautora madrileña es una de las más reconocidas de la música Pop Española que después de tres años y tras “Tu Labio Superior” nos viene a impresionar con su nuevo trabajo, el cual tiene una mezcla de rock suave y pop.
“La joven Dolores” fue el nombre que Christina Rosenvinge le dio a su disco. Esto debido a la inspiración que le produjo las historias, tanto verdaderas como ficticias, que esconde este humilde barco, que por mucho tiempo ha navegado sobre las aguas del tranquilo Mediterráneo; desde Ibiza hasta la Isla de Formentera. Es precisamente en este último lugar en el cual compuso la mayor parte de los temas de este álbum, alejada de la bulla de la gran ciudad.

Tícher de luz, una guia spinettiana: Página/12, Todos los caminos del universo Spinetta...


Tícher de luz, una guia spinettiana: Página/12, Todos los caminos del universo Spinetta...: "En su libro, el autor uruguayo hace un recorrido exhaustivo por la obra de Luis Alberto, tanto como para revelar detalles que ni el fan más ..."

Roberto Carreño: Las bandas más sobrevaloradas del rock chileno act...

Roberto Carreño: Las bandas más sobrevaloradas del rock chileno act...: "Los sobrevalorados no son lo más malos, necesariamente. Son aquellos grupos que han sido muy expuestos y apoyados por la prensa musical de t..."

RUDY WIEDMAIER " CUANDO TODOS SE VAYAN " ( letra: Jorge Teillier/ Música: Rudy Wiedmaier )

 " Cuando Todos Se Vayan " de Jorge Teillier

                                                                                        ( a Ray Bradbury )
Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.
Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.